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AL PRINCIPIO INTENTÉ DEMOSTRAR QUE ERA UNA MADRE PERFECTA
Ese fue mi primer error.
Comencé a documentar todo.
Desayunos.
Recogidas en la escuela.
Citas médicas.
Juegos.
Mensajes.
Fotografías.
Cada vez que Javier llegaba cinco minutos tarde, lo anotaba.
Mi abogada, Clara, me detuvo.
—Andrea.
—¿Qué?
—No conviertas tu maternidad en una auditoría.
—Él lo está haciendo.
—Precisamente.
—Entonces ¿qué quieres que haga?
—Que seas madre. Y que me dejes a mí organizar la evidencia necesaria.
Esa frase me ayudó.
Pero el miedo continuaba.
Porque Javier no estaba mintiendo completamente.
Yo sí trabajaba noches.
Sí había días en que mi madre recogía a Mateo.
Sí, en ocasiones, llegaba a casa cuando él ya dormía.
La diferencia era que eso jamás había significado abandono.
Hasta que alguien empezó a presentarlo así.
MATEO COMENZÓ A CAMBIAR
Primero pensé que era simplemente el divorcio.
Tenía cuatro años.