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Horarios.
Mensajes.
Calendarios.
Incluye fotografías.
Su abogado presentó una solicitud para que Mateo viviera principalmente con él mientras avanzaba el proceso.
La razón:
Mi trabajo.
Yo era enfermera.
Trabajaba turnos variables.
Algunas noches.
Algunos fines de semana.
Desde que Mateo nació habíamos organizado nuestra vida alrededor de esos horarios.
Javier trabajaba desde casa tres días por semana.
Mi madre ayudaba.
Yo cambiaba turnos cuando podía.
Jamás había sido un problema.
Hasta el divorcio.
Entonces aquello que durante cuatro años habíamos considerado organización familiar se convirtió en:
“Una madre que no está disponible regularmente.”
Cuando lo leí sentí una mezcla de rabia y miedo.
Llamé.
—¿De verdad estás diciendo que no cuido de mi hijo?