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Quién dice la verdad.
A quién quiere más.
Ni qué respuesta hará feliz a mamá o a papá.
Los niños pueden tener preferencias y emociones reales que merecen ser escuchadas de manera apropiada.
Pero hay una enorme diferencia entre escucharlos y entrenarlos para participar en una guerra que pertenece a los adultos.
LA LECCIÓN MÁS DIFÍCIL QUE APRENDÍ
Yo pensaba que proteger a Mateo significaba demostrar que Javier estaba equivocado.
Javier pensaba que protegerlo significaba conseguir más tiempo con él.
Los dos tuvimos que aprender algo distinto:
Protegerlo significaba darle permiso para querer al otro progenitor sin miedo a traicionarnos.
Eso requiere tragarse muchas frases.
Cuando Mateo regresaba feliz de casa de su padre:
—Me alegra que lo pases bien.
Aunque yo estuviera enfadada con Javier.
Cuando contaba que habían comprado algo:
—Qué bonito.
Pecado:
“Claro, tu padre compra regalos porque…”
Y Javier tuvo que hacer lo mismo.