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Un coche rojo de juguete.
Y que los dos me preguntaban demasiado si estaba bien.
Javier y yo nos miramos.
Después Mateo añadió:
—Supongo que hicieron algo bien al final.
Me emocioné más de lo que quería demostrar.
DURANTE MUCHO TIEMPO ODIÉ AQUELLA FRASE
“¿Hoy también tengo que decir que mamá me deja solo cuando papá me pregunta?”
La repetí mentalmente durante años.
Primero como prueba de lo que Javier había hecho.
Después como recordatorio de lo cerca que estuvimos de convertir a un niño pequeño en mensajero de nuestro resentimiento.
Hoy la escucho de otra manera.
No fue la frase que hizo que yo “ganara”.
Fue la frase que nos hizo
ferencia cambió todo.
Los divorcios pueden despertar miedo.
Dinero.
Orgullo.
Infidelidad.
Dolor.
Sensación de fracaso.
Deseos de demostrar quién fue responsable.
Pero un hijo pequeño no tiene capacidad para cargar con todo eso.
No debería tener que decidir:
Quién es mejor.