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Porque Carlo no parecía alguien delirante. Carlo parecía alguien que describía lo que veía con precisión, con detalles que ningún delirio puede producir con tanta coherencia y especificidad. Ahora les pregunto algo. Estoy seguro de que hay alguien entre ustedes que ha perdido a un ser querido, o que está pasando por un momento de gran dolor, o que se ha preguntado al menos una vez si hay algo más allá.
Si te identificas con esto, quiero que sepas que esta historia es para ti, y te pido que me cuentes en los comentarios, aunque sea con una sola palabra o con muchas, cómo te sientes. Estoy aquí, y si esta historia te ayuda, por favor compártela con alguien que la necesite, porque las historias sanadoras deben llegar a todos.
Carlo falleció 5 horas y 23 minutos después, a la 1:10 de la madrugada del 13 de octubre de 2006. Yo estaba allí, aún sosteniendo su mano, y sentí cómo cambiaba en la mía. Sentí el instante exacto en que lo que llamamos vida abandonó ese cuerpo, y comprendí, con brutal y absoluta claridad, que jamás volvería a sentir su mano moverse, jamás volvería a oír su voz.