Mi hijo Carlo me dijo el nombre del ángel que lo acompañaba… y lo vi en un sueño esa noche…ves mas

Jamás había oído ese nombre en mi vida. Nunca, ni en la iglesia, ni en ningún libro que hubiera leído, ni en ninguna conversación. Era un nombre que no pertenecía a mi vocabulario, a mi imaginación, a nada de lo que había construido a lo largo de 47 años de vida y fe. Le preguntó quién era, con la voz temblorosa, y Carlo sonriendo, una sonrisa que no puedo describir adecuadamente ni siquiera después de 20 años.

Era una sonrisa de pura paz, de absoluta certeza, del tipo de sonrisa que se ve en los rostros de los santos en los iconos antiguos y que uno piensa que es una idealización del artista. No lo era. Esa sonrisa era real. Estaba allí, en el rostro de mi hijo de quince años, que moría de leucemia en una habitación de hospital en Monza, y ninguna explicación racional que mi mente intentara desesperadamente construir podía hacerla menos real.

Me dijo: «Es el arcángel de las bendiciones, mamá. Lleva aquí tres días, pero solo ahora puedo decírtelo. Viste una túnica azul cobalto con estrellas doradas en los bordes. Sostiene una rosa blanca en su mano izquierda. Cada pétalo de esa rosa tiene un nombre escrito». Me quedé en silencio. Andrea había dado un paso adelante, también inmóvil, también conteniendo la respiración.

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