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Javier dejó de hablar de:
“Mi semana.”
“Tu semana.”
Empezamos a decir:
“Los días que Mateo está conmigo.”
Parece insignificante.
No lo era.
Nuestro hijo no era un paquete que pertenecía temporalmente a uno.
EL DIVORCIO CONTINUÓ
Esto también es importante.
Aquellas palabras de Mateo no hicieron que Javier y yo nos reconciliáramos.
No volvimos a enamorarnos.
No cancelamos el divorcio.
Terminamos nuestro matrimonio.
Y estuvo bien.
Porque “salvar a la familia” no siempre significa mantener el matrimonio.
A veces significa conseguir que dos personas que ya no funcionan como pareja aprendan a seguir siendo padres sin utilizar al hijo como campo de batalla.
Eso fue muchísimo más difícil.
Pero también más útil.
LA OTRA PERSONA EXISTÍA
Meses después confirmé que Javier sí había comenzado otra relación antes de pedirme el divorcio.
No fue agradable.
Me sentí traicionada.
Durante una semana quise utilizarlo en cada discusión.
Después comprendí que había dos temas.