Mi hijo Carlo me dijo el nombre del ángel que lo acompañaba… y lo vi en un sueño esa noche…ves mas

Comprender que la cercanía a Dios no requiere algo extraordinario, sino presencia, atención y amor. Carlo era así; era extraordinario en lo ordinario. Era un niño que iba a misa antes de ir a la escuela porque quería estar con Jesús, no porque lo obligaran. Era un chico que llevaba comida a las personas sin hogar en Milán porque le parecía lo más natural, no porque buscara reconocimiento.

Era un joven de quince años que, en su tiempo libre, recopilaba catálogos de milagros eucarísticos, no como un proyecto escolar, sino como un acto de amor por algo en lo que creía con toda sinceridad. Era todo eso a la vez, sin dramatismos, sin ostentación de perfección, sin nada que sonara falso o artificial, y en esas últimas horas, también fue él mismo.

Me miró con los ojos de un hijo que ama a su madre y me dio lo único que podía darme: la certeza de que estaba bien, de que no estaba solo, de que estaría con alguien. Con su cariñosa precisión, se aseguró de que no tuviera ninguna duda. Había preparado el mensaje 23 días antes, lo entregó en su lecho de muerte, y luego el sueño confirmó cada detalle.

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