Short link: https://short.pageviewpro.com/duIYBJ
El dolor de perder a un hijo nunca desaparece; se transforma, se integra, se convierte en parte de ti de maneras inesperadas, pero no se desvanece. Sin embargo, junto al dolor, ahora había algo más, una certeza. Una certeza que no provenía de la racionalidad, ni del análisis de textos, sino de ese lugar profundo que el sueño había tocado.
Carlo no estaba solo cuando falleció; Carlo estaba acompañado. Si lees esta historia y sientes que Carlo también te habla a ti, a tu dolor, a tus preguntas, quiero decirte que he creado algo especial para acompañarte en este camino. Se llama Siete Días con Carlo, siete días para caminar con él, con su historia, con su fe, con sus palabras, con las cosas que me enseñó no solo en sus últimas horas, sino durante los quince años que tuve el privilegio de ser su madre.
Lo encontrarás en la descripción de abajo. Ahí está, esperándote. Luego, unas ocho semanas después del funeral, sucedió lo tercero, lo que completó el rompecabezas de tal manera que, incluso hoy, cuando hablo de ello, tengo que detenerme y respirar porque mi mente no puede asimilar todo lo que significa ese descubrimiento.