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6. Tomates cocidos: la fuente de licopeno
El vibrante color rojo de los tomates se debe al licopeno, un carotenoide con potentes propiedades antiangiogénicas que también protege el ADN del daño. Curiosamente, el cuerpo absorbe mucho más licopeno de los tomates cocidos que de los crudos. El calor descompone las paredes celulares de la planta, liberando el licopeno y haciéndolo más biodisponible. Un estudio histórico de Harvard reveló que los hombres que consumían productos derivados del tomate al menos dos veces por semana tenían un 23 % menos de riesgo de desarrollar cáncer de próstata.
El protocolo: Procure consumir al menos tres porciones semanales de productos de tomate cocidos. Una porción equivale aproximadamente a una media taza de salsa de tomate o una taza de tomates cocidos. Dado que el licopeno es liposoluble, puede mejorar su absorción cocinándolo con una grasa saludable como el aceite de oliva.
7. Granada: El guardián del microbioma
Tu intestino alberga billones de bacterias, algunas de las cuales son aliadas cruciales en la lucha contra el cáncer. Una de las más importantes es Akkermansia muciniphila . Esta bacteria en particular prepara tu sistema inmunológico para combatir el cáncer con mayor eficacia. Las granadas contienen compuestos llamados elagitaninos, que las bacterias intestinales transforman en una sustancia que alimenta y estimula el crecimiento de Akkermansia . Esta conexión es tan fuerte que puede determinar el éxito de tratamientos modernos contra el cáncer, como la inmunoterapia.