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2. Té verde: El inhibidor de la angiogénesis
Para que un tumor microscópico se vuelva peligroso, necesita generar su propio suministro de sangre, un proceso llamado angiogénesis. Esto lo logra liberando proteínas que actúan como fertilizante para los vasos sanguíneos. El té verde contiene un potente polifenol llamado EGCG (galato de epigalocatequina) que actúa como un inhibidor natural de la angiogénesis. Interrumpe eficazmente la comunicación entre el tumor y el sistema de formación de vasos sanguíneos del cuerpo. En estudios de laboratorio, se ha demostrado que el EGCG es tan eficaz para bloquear el crecimiento anormal de vasos sanguíneos como algunos fármacos experimentales contra el cáncer.
El protocolo: Beba tres tazas de té verde preparado diariamente. Evite las versiones embotelladas y azucaradas. Para maximizar los beneficios, caliente el agua hasta que esté humeante pero sin hervir (aproximadamente 80 °C) y déjela reposar de 3 a 5 minutos. Añada un chorrito de limón, ya que su vitamina C puede aumentar la absorción de EGCG hasta seis veces. Es fundamental no añadir leche de vaca, ya que sus proteínas se unen a los compuestos beneficiosos e impiden que el cuerpo los absorba.