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Los médicos que la examinaron detectaron desnutrición severa. La pérdida de masa muscular era generalizada. Sufría de múltiples deficiencias. Con 22 kilos, su cuerpo ya no podía soportar el más mínimo esfuerzo.

Las redes sociales están repletas de cuentas que promueven dietas radicales. Frutarianismo, alimentación cruda, ayuno extremo, desintoxicación intensiva… Estas prácticas se presentan como caminos hacia la salud, la pureza y el despertar espiritual.
Las imágenes son seductoras: cuerpos esbeltos, platos coloridos, testimonios entusiastas. Quienes fracasan o enferman no aparecen. La realidad de las deficiencias, la fatiga y las hospitalizaciones permanece invisible.
La trampa de la validación comunitaria
Una vez que se embarcó en este camino, Karolina probablemente encontró una comunidad en línea que validó sus decisiones. Otros frutarianos, otros seguidores, que compartían sus mismas creencias y reforzaron su convicción de que iba por el buen camino.
Este efecto de cámara de eco es peligroso. Nos impide distanciarnos, cuestionar y escuchar las señales de advertencia que nos envía nuestro cuerpo. La comunidad lo valida, así que todo está bien.
La falta de perspectivas críticas
En este mundo, las advertencias de médicos o nutricionistas suelen ser desestimadas como parte del “sistema” contra el que hay que luchar. Quienes alertan sobre los riesgos son acusados de ignorancia y de querer mantener a la gente en la ignorancia.