Las pesadillas nocturnas son sueños intensos y desagradables que suelen despertarnos con miedo, ansiedad, sudoración y el corazón acelerado. Aunque todos podemos tenerlas ocasionalmente, cuando se repiten con frecuencia pueden afectar seriamente la calidad del sueño, el estado de ánimo y la vida diaria.
Dormir debería ser un momento de descanso, pero ¿qué sucede cuando la mente convierte la noche en un campo de batalla?
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Los problemas diarios, la presión laboral, conflictos personales o preocupaciones profundas se reflejan en el subconsciente durante el sueño.
Personas que han vivido situaciones difíciles (accidentes, violencia, pérdidas) pueden sufrir pesadillas recurrentes como parte de un trastorno por estrés postraumático.
Dormir pocas horas o tener horarios irregulares aumenta la probabilidad de pesadillas.
Comidas pesadas, picantes, alcohol o cafeína antes de dormir pueden alterar el sueño.
Algunos antidepresivos, fármacos para la presión arterial o medicamentos para dormir pueden provocar sueños intensos.
La exposición al móvil, televisión o redes sociales antes de dormir estimula el cerebro e interfiere con el descanso profundo.
Fiebre, apnea del sueño y depresión también se asocian a pesadillas frecuentes.