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Eso fue lo que más les dolió.
Yo no había organizado una emboscada.
No había invitado a nadie para exhibirlos.
No había enviado correos contando mi versión.
Yo sólo había ido a trabajar.
Ellos habían llegado convencidos de que todavía podía sacarme de una reunión, ponerme un mandil y llevarme a cocinar.
Charles dejó los papeles sobre la mesa.
— ¿Durante cuánto tiempo estuviste poniendo dinero?
—A ratos, desde el segundo año del restaurante.
—¿Cuánto?
—No quiero convertir esto en una cuenta de cobro.
—Quiero saber.
Respire hondo.
—Lo suficiente para cubrir varias temporadas malas. Nomina algunas veces. Proveedores. Reparaciones. Parte de la renta. Y algunas cuentas familiares cuando Brian me dijo que ustedes estaban pasando por un momento difícil.
Beatrice dio un paso atrás.
—¿Cuentas nuestras?
La mirada.
-Si.
Su rostro cambió.
—Brian nos dijo que él…
Se detuvo.
No terminó.
No hacía falta.
Brian empezó a defenderse.
Dijo que él jamás me había obligado.
Que yo había decidido ayudar.
Que el matrimonio era una sociedad.