Una intervención dirigida a pequeños vasos sanguíneos
El procedimiento se denomina embolización de las arterias geniculares y se realiza introduciendo un catéter delgado a través de una arteria de la ingle.
Desde allí, los especialistas avanzan hasta los vasos que rodean la rodilla e identifican aquellos que presentan un flujo sanguíneo anormalmente elevado.
Esta vascularización se relaciona con la inflamación de la membrana sinovial y el crecimiento de fibras nerviosas que pueden intensificar el dolor por osteoartritis.
Para reducir ese flujo, los investigadores emplearon microesferas de gelatina calibradas, capaces de bloquear temporalmente los vasos seleccionados y disolverse en pocas horas.
La intervención no reconstruye el cartílago deteriorado. Su objetivo es modificar el entorno inflamatorio y neurovascular que contribuye a mantener el dolor articular.
El dolor disminuyó y la movilidad mejoró
El estudio incluyó a 194 personas con una edad mediana de 69 años, cuyos síntomas continuaban pese a recibir tratamientos conservadores durante al menos tres meses.
En total se realizaron 239 procedimientos, porque 45 participantes recibieron el tratamiento en ambas rodillas. Todos fueron completados con éxito técnico.
El dolor mediano descendió de 7 a 4 puntos durante las primeras seis semanas y llegó a 3 puntos a los seis meses.
Esa reducción se mantuvo al cumplirse un año, cuando el 80 % de los participantes alcanzó una mejoría considerada clínicamente importante en el dolor.
También mejoraron las actividades cotidianas, los síntomas articulares, la capacidad recreativa y la calidad de vida, según los cuestionarios respondidos durante el seguimiento.
Resultados prometedores que todavía requieren confirmación
La seguridad fue otro resultado destacado. No se registraron complicaciones moderadas ni graves durante los procedimientos ni en los controles posteriores realizados por los investigadores
El 6,3 % presentó una coloración temporal de la piel, que desapareció espontáneamente en menos de 24 horas sin dejar consecuencias permanentes.
Solamente una persona desarrolló un hematoma superficial en la ingle. En conjunto, los efectos adversos fueron leves y aparecieron en el 6,7 % de los procedimientos.
Sin embargo, la investigación se realizó en un único centro y no incluyó un grupo de comparación, por lo que aún se necesitan ensayos controlados.
También será necesario estudiar si la mejoría permanece más allá de doce meses y determinar qué pacientes podrían obtener el mayor beneficio del procedimiento.