Soy Richard, cumplo 61 años este año. Mi esposa falleció hace ocho años, y desde entonces, mi vida no ha sido más que largos pasillos de silencio. Mis hijos tuvieron la amabilidad de venir, pero sus vidas transcurrieron demasiado rápido como para que yo pudiera seguirlos. Vinieron con sobres de dinero, dejaron medicinas y se fueron.