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Esa noche se acostó sintiéndose perfectamente bien. Besó a su esposo, se acomodó su manta favorita y cerró los ojos, como había hecho millas de veces durante más de setenta años.
Pero esa noche fue diferente.
Nunca más despertó.
Cuando llegaron los paramédicos, confirmaron lo que nadie esperaba: había sufrido un infarto masivo mientras dormía. No hubo gritos, ni señales dramáticas, ni forcejeos. Solo silencio en la madrugada. Corazón e Hipertensión
Mucha gente cree que los infartos siempre vienen acompañados de dolor intenso o síntomas evidentes. Sin embargo, la realidad médica muestra algo muy distinto: en muchos casos, los infartos y los accidentes cerebrovasculares ocurren durante el sueño.
Especialmente entre las 2 y las 6 de la madrugada, cuando el cuerpo atraviesa uno de sus periodos más vulnerables. Durante este tiempo, la sangre puede volverse ligeramente más espesa, los niveles de cortisol comienzan a aumentar y la frecuencia cardíaca cambia inesperadamente. Esta vulnerabilidad nocturna ha llevado a muchos especialistas a investigar qué hábitos cotidianos o condiciones médicas antes de ir a la cama aumentan excesivamente el riesgo de un evento cardiovascular.
Factores de riesgo y desencadenantes nocturnos