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Porque ese pequeño objeto no era un residuo.
Era un animal vivo.
¿Un simple trozo de plástico sobre las baldosas?
La primera reacción suele ser la más lógica: recoger lo que está tirado.
En un baño , no es raro encontrar pequeños trozos de envases, restos de jabón, cabellos, fragmentos de plástico o incluso piezas procedentes de productos de higiene.
Entre el champú, el gel de ducha, los productos de limpieza y los diferentes accesorios, esta habitación contiene una enorme cantidad de pequeños objetos.
Así que, cuando esa forma oscura apareció sobre las baldosas, nadie imaginó inmediatamente algo extraordinario.
Simplemente parecía un pequeño trozo de goma.
Tal vez una parte de un envase.
Tal vez un residuo procedente de un frasco.
Pero cuanto más se observaba, menos convincente parecía esa explicación.
El objeto no estaba completamente plano.
Su forma era ligeramente gruesa.
Y, sobre todo, su apariencia parecía diferente de la de un simple trozo de plástico.
Había algo casi orgánico en su silueta.